Ya habían pasado muchos años desde el accidente, mi hija había muerto en
sus manos.
Mi esposa, bueno ahora EX esposa, nunca entendió porque yo decía que eso no
había sido un accidente, pensaba que la torturaba recordándole ese
acontecimiento. Pero yo la había visto ahí parada, en medio de la calle viendo
fijamente la carreta en la que viajaban mi mujer y mi hija.
Mi esposa había sobrevivido por milagro pero no pudo estar conmigo mas que
unos meses después de eso, esa mujer de negro había arruinado mi vida, me había
dejado sin nada.
El tren seguía en movimiento mientras mis recuerdos me acechaban, ese tren
iba acercándome cada vez más a la casa en
la que se aparecía constantemente esa “dama de negro”, debía confrontarla.
Sabía que eso era prácticamente imposible pero yo quería verla, quería que ella
pagara por lo que me había hecho. No tenía nada que perder si moría en este
viaje.
El tren se paró y anunció la llegada.
Me tardé mucho en encontrar a la persona que hacía ya muchos años había
llevado a otro hombre a esa misma casa.
Yo ya no era joven como en la época en la que conocí la historia de esta
mujer, yo era viejo, podrían pensar que uno muy chiflado pero era la única
esperanza que me quedaba; la venganza. La carreta tomo el único camino que conducía
hacía ese sitio, un pequeño sendero rodeado de agua como me lo habían descrito,
el sonido del mar no era relajante, era espeluznante e inquietante. La neblina
decoraba el mar como si los dos pertenecieran a uno mismo.
-
Señor ya llegamos-
frente a mis ojos una enorme casa se elevaba de entre la flora silvestre que
crecía sin ningún orden.
-
Se lo agradezco- tomé mi
pequeña maleta con las escasas pertenencias que tenían aun valor para mí a esta edad.
-
Señor, disculpe mi
intromisión pero ¿Desea que lo espere aquí?- la voz del señor sonó tan joven
que mi corazón sintió ternura por ese pobre.
-
No, ya puede marcharse,
gracias- mis pies comenzaron a emprender nuestro camino hacia esa tenebrosa
casa.
-
Señor- otra vez esa voz
tan jovial resonó en medio del silencio- ¿Se va quedar usted toda la noche?-
sus ojos brillaban un poco inquietos y sus manos temblaban nerviosamente.
-
Si – fue mi única respuesta, la gente del pueblo conocía
ya la historia de este lugar no hacía falta que anduvieran por ahí diciendo que
un viejo absurdo se empeño en quedarse en ese tétrico lugar.
-
Está bien, como guste…-
la desaprobación en su voz era tangible pero no insistió dio media vuelta y se marchó.
El sendero hacía la puerta de la
casa no era sino un estrecho camino que tenía raíces de árboles que se
enredaban con mis pesados pies.
La tarde comenzaba a despedirse y mi
corazón latía cada vez con más fuerza, el momento que tanto había esperado
estaba cerca.
La puerta de madera un poco
desgastada por los años que habían pasado por ella y del mantenimiento que no había
recibido se veían en ella, me faltaban ya unos pocos pasos para llegar, el
ambiente se sentía más pesado, como si la casa en si me ahuyentara.
Tome la manija y la gire
cuidadosamente, sin ninguna dificultad esta cedió y pude entrar.
Adentro no se veía nada, las
ventanas apenas dejaban pasar un poco de luz del día que estaba por terminar,
lo primero que pude ver fueron unas grandes escaleras, eran anchas y conducían
a un descanso en el cual se bifurcaba.
Caminé lo más rápido que mis pies pudieron
llevarme y subí uno a uno las escaleras, mi instinto me sugirió continuar por
las escaleras que continuaban a mi lado derecho y así lo hice.
Al llegar al piso superior se
extendía un pasillo horizontalmente a mi posición, la casa se veía más lúgubre
desde este lugar, tenía un aspecto azul-verdoso causado por la poca luz que
quedaba del día. Del lado izquierdo únicamente estaba una puerta al final del
pasillo, ésta estaba abierta y se podía identificar un escritorio desordenado.
Si fuera un fantasma en busca de niños pequeños que arrebatar de sus padres no volvería
a un despacho, iría al cuarto del hijo que perdí.
Sentía como mi espalda, nuca y
axilas estaban sudadas, en este punto no sabía si se debía al esfuerzo realizado
en las escaleras o al miedo que me provocaba estar en ese lugar.
Continúe mi camino, mis pasos
sonaban fuertes y lentos en la madera, pero algo más sonaba ¿Qué era ese
sonido? Sonaba como una mecedora antigua.
¡Claro! Era ella, trate de caminar más
de prisa para encontrar el lugar del que provenía aun ese chirrido, era la
puerta que se encontraba junto a las escaleras por las cuales había decidido no
subir. Mi instinto… por supuesto me iba a alejar del peligro ¿Cómo no lo
adivine?
Tragué saliva y tome la manija,
estaba decidido, había pasado toda mi vida soñando con el momento en que la
viera y lo que haría pero ya que había llegado no me acordaba más de todos esos
planes.
La puerta se abrió nuevamente sin
problemas y di un paso hacia adentro, la ventana estaba abierta y un árbol
adornaba la mitad de ésta. La mecedora que había escuchado se seguía moviendo
pero no había nadie…
Podía escuchar el latido de mi
corazón en mis oídos y podía sentir el sudor de mis manos volverse frío. Un
ruido tras de mi me alteró, voltee en seguida pero de nuevo no había nada. Di
otro paso entrando cada vez más a la habitación, uno de mis pies sintió algo en
el suelo y por un momento todo se paralizó, sentí como todo el terror que no
había sentido en toda mi vida se cernía sobre mí.
Agache lentamente la vista para
reconocer lo que había tocado y suspire, era solo un muñeco. La puerta se azotó
violentamente tras de mí y sentí un escalofrió recorrer mi espalda. Lo sabía,
ella estaba atrás de mí.
Gire pausadamente y con gran
precisión sobre mis talones. Era ella, a un triste metro de mi se encontraba
mirándome. Era la imagen más terrorífica que había visto y vería en mi vida.
No supe que decir, no supe que
hacer, todo en lo que pensaba era en esos ojos que reflejaba la falta de
humanidad, la falta de amor y toda la
tristeza del mundo. Sus Labios se alzaron formando una mueca que trataba de ser
una sonrisa pero era mucho más tenebrosa era más parecida a una sonrisa
homicida.
Mi mano izquierda comenzó a sentir frío, subió lentamente a mi antebrazo y después abarcó hasta el hombro, poco a poco ese frío fue descendiendo hasta llegar a mi pecho, un poco más abajo. Sentí como una presión comenzaba a absorberme mientras mi corazón dejaba de latir
Mi mano izquierda comenzó a sentir frío, subió lentamente a mi antebrazo y después abarcó hasta el hombro, poco a poco ese frío fue descendiendo hasta llegar a mi pecho, un poco más abajo. Sentí como una presión comenzaba a absorberme mientras mi corazón dejaba de latir
Lo último que vi antes de cerrar los
ojos para siempre, fue su mirada, fueron sus ojos tan malignos que ningún otro
mal se le compraba.
El único sentimiento de paz que pude
sentir antes de morir fue el saber que dentro de la maleta que aun sostenía en
mi mano derecha estaba lo más preciado y valioso en este mundo. Los dibujos que
había hecho mi hija cuando aun éramos una familia.
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